Ser mamá de un niño con autismo y TDAH: aprender a comprender el mundo de otra manera
por Javiera Francisca Martínez

Soy Javiera, mamá de Emiliano, un niño con autismo y TDAH. Si algo he aprendido desde que me convertí en su mamá, es que la maternidad no viene con un manual, y mucho menos cuando tu hijo necesita que el mundo aprenda a comprenderlo de una manera diferente.
Mi historia no es la de una mamá que tiene todas las respuestas. Soy una mujer que ha tenido que aprender sobre la marcha, enfrentar desafíos que nunca imaginó y descubrir que, muchas veces, una termina convirtiéndose en la voz de su hijo, especialmente cuando siente que el mundo no logra escucharlo o entenderlo.
Ser mamá de Emiliano me ha enseñado a mirar la vida de otra manera. Me ha llevado a cuestionarme muchas cosas, a aprender constantemente y a comprender que detrás de cada niño hay una historia que merece ser escuchada, respetada y comprendida. También me ha mostrado que acompañar a un hijo implica aprender a conocerlo, entender sus necesidades y descubrir, día a día, cuál es la mejor manera de estar para él.
Pero hay algo que para mí es muy importante: no quiero contar mi maternidad solamente desde las dificultades. No quiero que el autismo se mire únicamente desde aquello que cuesta o desde los desafíos que enfrentamos. Nuestra vida también está llena de risas, ocurrencias, aprendizajes y momentos que hacen que todo tenga sentido. Emiliano tiene su propia forma de ver el mundo, y no quiero que las personas lo miren con lástima. Quiero que estén dispuestas a conocerlo, comprenderlo y respetar quién es.
A través de mis redes sociales, bajo el nombre de Mamá sin Manual, encontré una forma de compartir nuestra realidad. Quiero hablar del autismo con honestidad, sin romantizarlo, pero tampoco reduciendo nuestra vida a un diagnóstico. Hay situaciones de las que muchas veces cuesta hablar y que, sin embargo, forman parte de la experiencia de muchas familias. Compartirlas desde mi propia vivencia, a veces con humor y otras con mucha sinceridad, se ha convertido en una manera de acompañar a quienes están recorriendo un camino parecido.
No soy una experta en autismo. Soy una mamá que aprende todos los días, que se equivoca, que vuelve a intentarlo y que también necesita ser escuchada. Porque, aunque gran parte de mi energía está puesta en acompañar a Emiliano, yo también sigo siendo una mujer con emociones, dudas y desafíos propios.
Quiero contar nuestra historia porque creo que las voces de las madres también importan. Detrás de cada diagnóstico hay una familia que aprende a adaptarse, que descubre nuevas formas de comunicarse y que muchas veces debe buscar las herramientas para acompañar a su hijo en un mundo que no siempre está preparado para comprenderlo. Y también hay una mujer que sigue creciendo, que aprende a mirar la vida de otra manera y que intenta encontrar su propio equilibrio mientras acompaña a quien más ama.
Ojalá podamos avanzar hacia un mundo en el que los niños no tengan que encajar a la fuerza, sino que encuentren espacios donde puedan ser ellos mismos. Un mundo en el que las diferencias no sean motivo de juicio, sino una invitación a aprender, escuchar y comprender.
Esta es nuestra historia. No es perfecta, ni tengo todas las respuestas. Es la historia de Emiliano y de su mamá, que sigue aprendiendo, creciendo y descubriendo su propia manera de hacer las cosas. Porque, aunque la maternidad no venga con manual, podemos ir encontrando nuestro camino, un día a la vez, sin tener que hacerlo todo bien y sin dejar de ser quienes somos en el proceso.
