Criar sola, aprender a poner límites y construir un futuro para ella y su hijo
por Camila Echegaray

Quiero contar mi historia porque siento que hay una parte de la maternidad de la que se habla muy poco. La de las mujeres que crían solas, que trabajan, estudian y hacen todo lo posible por sacar adelante a sus hijos, pero que además tienen que enfrentar situaciones difíciles mientras intentan protegerlos.
Soy Camila Echegaray, tengo 29 años y soy mamá de Santiago, un niño de dos años. También estudio Licenciatura en Lengua y Literatura y trabajo. Mi vida está llena de responsabilidades, pero mi historia no se trata solamente de cómo logro compatibilizar todas esas cosas. También tiene que ver con las razones que me llevaron a separarme del papá de mi hijo y con todo lo que he tenido que enfrentar desde entonces.
Tomé la decisión de separarme después de encontrar videos en los que el padre de Santiago ejercía acoso sexual callejero. Fue una situación que me hizo cuestionarme muchas cosas y que cambió profundamente mi manera de verlo. Como mamá, comencé a pensar de otra forma en la seguridad y el bienestar de mi hijo.
No fue una decisión fácil. Pero había cosas que para mí eran importantes y necesitaba actuar pensando en Santiago.
Después de eso comenzó un camino que ha sido largo y muy difícil. He tenido que buscar ayuda, presentar solicitudes y acercarme a distintas instituciones con la esperanza de encontrar respuestas y protección para mi hijo.
En ese proceso, la Fiscalía y el tribunal se declararon incompetentes respecto de las solicitudes que presenté. Sentí que no estábamos recibiendo el apoyo y la protección que necesitábamos, y ha sido muy desgastante tener que seguir buscando alternativas mientras intento sostener todo lo demás en mi vida.
Nuestro caso pasó por la Oficina Local de la Niñez (OLN) y el Diagnóstico Clínico Especializado (DCE), y actualmente estamos en el Programa de Prevención Focalizada (PPF).
A veces pienso en lo difícil que es tener que enfrentar situaciones así mientras también tienes que levantarte todos los días, trabajar, estudiar, cuidar a tu hijo y seguir funcionando. Porque, aunque estés viviendo algo que te preocupa profundamente, la vida no se detiene. Santiago sigue necesitando de mí, hay responsabilidades que cumplir y muchas veces tienes que encontrar la manera de continuar incluso cuando emocionalmente estás agotada.
Y creo que esa es una de las partes más difíciles de la maternidad en soledad.
Porque una puede estar acompañada y aun así sentirse sola. Puede tener personas alrededor y, al mismo tiempo, sentir que hay cosas que debe resolver por su cuenta, decisiones que pesan demasiado y preocupaciones que cuesta compartir.
Hay una carga que no siempre se ve. La de estar pendiente de todo, anticiparse a los problemas, buscar soluciones y tratar de que nada falte. Y cuando, además, estás atravesando una situación compleja con el padre de tu hijo, esa carga puede hacerse todavía más difícil de llevar.
Mientras tanto, una también sigue siendo persona. Tiene sueños, proyectos, cansancio, miedo y días en los que necesita que alguien la escuche. A veces nos acostumbramos tanto a resolverlo todo que olvidamos que también necesitamos apoyo.
Yo he tenido que aprender muchas cosas durante este proceso. He tenido que tomar decisiones difíciles, buscar ayuda y entender que proteger a mi hijo también significa poner límites y hacer lo que considero necesario para su bienestar.

Pero también he tenido que pensar en mí. En cómo quiero vivir, en la tranquilidad que deseo recuperar y en la vida que quiero construir para los dos.
No quiero que mi historia se quede solamente en lo que me ha tocado enfrentar. Aunque he vivido momentos muy oscuros, creo que es posible salir de ellos. Que podemos volver a encontrarnos con nosotras mismas y construir una vida distinta, incluso cuando hay experiencias que nos marcan y que no desaparecen de un día para otro.
Para mí, seguir adelante no significa hacer como si nada hubiera pasado. Significa aprender a poner límites, reconocer lo que necesito y entender que no tengo que poder con todo sola.
También significa recordar que, además de ser mamá, soy Camila. Una mujer a la que le apasiona la escritura, que está estudiando, que trabaja y que tiene sus propios sueños. No quiero dejar de lado esa parte de mí por todas las dificultades que he tenido que enfrentar.
Por eso quiero compartir mi historia. Porque sé que hay otras mujeres que han pasado por situaciones parecidas y que muchas veces no encuentran un espacio para hablar de ellas. No todas las historias de maternidad son iguales y no todas las realidades se muestran. Hay experiencias que se viven en silencio, especialmente cuando involucran la separación, la búsqueda de protección para los hijos y la sensación de no encontrar las respuestas que una necesita.
Me gustaría que pudiéramos hablar más de estas realidades. De lo que significa criar mientras intentas resolver situaciones que te preocupan, de lo difícil que puede ser sostener emocionalmente a un hijo cuando tú también estás pasando por un momento complejo y de la importancia de que las madres seamos escuchadas.
Si pudiera decirle algo a una mujer que hoy está viviendo una situación parecida, le diría que no tiene que poder con todo. Que pedir ayuda no la hace menos fuerte y que sus preocupaciones merecen ser escuchadas. Que también tiene derecho a recuperar su tranquilidad, a pensar en su futuro y a construir una vida en la que pueda sentirse segura y acompañada.
Quiero creer que, aunque a veces el camino parezca demasiado difícil, podemos volver a estar bien. Que es posible reconstruirnos y encontrar momentos de felicidad después de haber vivido experiencias dolorosas.
Para mí, contar mi historia es una manera de darle un sentido a todo lo que he aprendido. También es una forma de recordar que detrás de cada mamá hay una mujer con una historia propia, con dificultades que quizás nadie conoce y con una fuerza que no siempre tiene que demostrar.
Y si otra mujer lee mi historia y siente que no es la única que está pasando por algo así, si logra sentirse comprendida o encuentra un poco de esperanza para seguir adelante, entonces habrá valido la pena compartirla.
Porque ser mamá no significa dejar de ser mujer. Y aunque muchas veces nos toque enfrentar situaciones difíciles, también merecemos que nos cuiden, nos escuchen y nos acompañen.

